La tentación de evitar la cruz
- 16 mar
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Un nacimiento que cambió la historia
Dos mil años atrás, según cuenta la tradición, en la madrugada, en un lugar donde duermen los animales, en un pueblo muy pequeño, en un país pequeño y en un lugar desconocido, nacía Jesús.
El Hijo de Dios había llegado a la tierra.
Nació a través de una virgen llamada María. Dios se había encarnado.
Surge entonces una pregunta:¿Satanás sabía lo que estaba pasando en ese momento?¿Sabía que Dios estaba tomando forma humana?¿Sabía para qué estaba haciendo eso?
Satanás sabía cómo Dios se había presentado a Adán y le había hablado. Sabía que se había manifestado a Abraham en forma humana y a Moisés en el Sinaí. También había visto cuando Dios abrió el Mar Rojo y cuando estableció el Tabernáculo para descender en medio de su pueblo. Conocía igualmente la edificación del templo en tiempos de Salomón.
Satanás conocía esas manifestaciones de Dios.
Pero ¿nacer como bebé?¿Pasar nueve meses en el vientre de una mujer?
Quizá se preguntaba:“¿Qué está haciendo Dios?”
Porque Satanás no es omnisciente. No lo sabe todo; solo conoce aquello que Dios le permite saber.
Aun los ángeles conocen únicamente lo que Dios decide revelar por medio de su Espíritu a la iglesia, y así también ellos se enteran.
Hay cosas que Dios tuvo escondidas por siglos y generaciones. El apóstol Pablo dice que Dios nos las ha revelado a nosotros. Nadie las conocía antes, y mucho menos Satanás.
La promesa en Génesis
Quizá Satanás buscó entre las Sagradas Escrituras algo que explicara por qué un bebé.
Tal vez encontró Génesis 3:14-15, cuando Dios le dijo a la serpiente que la simiente de la mujer le heriría en la cabeza.
Puede que haya intuido algo con esta escritura.
Tal vez pensó que en aquel pesebre se estaba cumpliendo esa palabra: que la simiente de la mujer estaba naciendo y que esa criatura sería quien aplastaría su cabeza.
Entonces comenzó a usar sus artimañas para destruir a la simiente y a la mujer.
Por eso entró en el corazón de Herodes para matar a todos los niños menores de dos años. Sin embargo, el Señor Jesús fue preservado.
Pero Jesús no vino solamente para aplastar la cabeza de Satanás. También vino para establecer su Reino.
“Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio.”(Marcos 1:14-15)
La segunda opción
Jesús vino a establecer su Reino.
Cuando Satanás comprendió esto, comenzó a intentar frustrar ese propósito.
Uno de esos intentos lo vemos en la tentación en el desierto:
“Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra…”(Lucas 4:5-8)
Satanás estaba dispuesto a entregarle todos los reinos.
En otras palabras, parecía decirle:
“¿No has venido a traer tu gobierno al mundo? Yo puedo darte los reinos ahora.”
Entonces Satanás presentó la segunda opción.
Siempre habrá una segunda opción.
¿En qué consistía?En evitar la cruz.
Jesús tenía un camino para establecer su Reino, y ese camino pasaba por la cruz.
Para establecer el Reino hacía falta la cruz. Pero Satanás ofrecía otro camino: reino sin cruz.
¿Qué es un reino sin cruz?
Un reino sin cruz es:
Un salvador sin Señor.
Salvación sí, pero señorío no.
Vivir en independencia, sin rendir cuentas a nadie.
En un reino sin cruz cada uno es dueño de sí mismo: de su tiempo, de su dinero y de su vida.
No hay Señor sobre el dinero.No hay Señor sobre las decisiones.
Cada uno vive como le parece.
En un reino sin cruz cada uno busca lo suyo propio y no lo que es de Cristo. Se prioriza la felicidad personal por encima de la obediencia a Dios.
Ese es el mensaje de la segunda opción.
Y Satanás siempre la presenta.
Si se la presentó a Jesús, ¿por qué no lo haría también con nosotros?
Cuando Pedro presentó la segunda opción
En Mateo 16:13-23 vemos algo interesante.
En un momento Jesús alaba a Pedro:
“Esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”.
Pero poco después le dice:
“¡Apártate de mí, Satanás!”
Pedro, sin darse cuenta, estaba presentando la misma segunda opción:
“Ten compasión de ti. No vayas a la cruz”.
Cristo sí.Mesías sí.Reino sí.
Pero cruz no.
Por eso Jesús respondió con tanta firmeza.
El último intento
Satanás aún hizo otro intento para evitar la cruz.
En la crucifixión, las personas gritaban:
“Si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz”.
Los principales sacerdotes también decían:
“A otros salvó; a sí mismo no se puede salvar”.
¡Qué oportunidad tenía Jesús para demostrar su poder!
Pero Jesús sabía que en el Reino de Dios la cruz es central.
No hay Reino sin cruz.
La cruz en nuestra vida
La cruz no solo es el camino de Cristo; también debe estar presente en nuestra vida.
No llegamos al Padre por nuestras buenas obras, ni por nuestras emociones, ni por nuestra posición en la iglesia.
Llegamos por medio de Cristo y de su cruz.
No entramos a la presencia de Dios por lo que somos, sino por lo que Él hizo por nosotros.
Por eso siempre debe haber gratitud en nuestro corazón.
Gracias, Señor, por tu sacrificio.Gracias por la sangre derramada que nos abre el camino a la presencia de Dios.
La cruz en nuestras relaciones
La cruz también debe estar presente en nuestras relaciones.
En la familia.En la iglesia.En la sociedad.
Sin cruz terminamos aislados, peleados o distanciados.
Muchas personas ganan discusiones, pero pierden relaciones.
La cruz nos enseña a perder para ganar.
Una iglesia puede dividirse porque todos tienen argumentos. Pero sin cruz no hay unidad.
La cruz cuando no entendemos
También necesitamos la cruz cuando no entendemos lo que sucede en la vida.
¿Qué hacemos cuando llega el dolor?¿Cuando las oraciones no son respondidas?¿Cuando enfrentamos pérdidas?
Llevamos todo al pie de la cruz.
Allí queda cubierto por la sangre del Cordero.
Aunque no entendamos, podemos seguir viviendo con el gozo del Señor, porque el gozo del Señor es nuestra fortaleza.
La cruz y la verdadera espiritualidad
Tomar la cruz nos hace crecer espiritualmente.
¿Quieres medir la espiritualidad?
Escucha las palabras de una persona.
¿Cómo habla de los demás?¿Cómo se expresa del ausente?
Porque de la abundancia del corazón habla la boca.
Examina tu corazón:
¿Hay celos?
¿Envidia?
¿Queja?
O, por el contrario, ¿hay buenos pensamientos, paz y deseo de bien para otros?
La Escritura dice:
“Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.”(2 Corintios 10:5)
Sin cruz no hay paz.

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